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La historia de la historia

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En 1993, Frank Blumetti y Carlos Parise, dos redactores de la revista Madhouse, editaban el primer libro de historia del heavy metal argentino. Si bien muchos podrán citar el libro V8, Un Sentimiento, de Ana Mourín como precursor; el primer registro de la historia metalera argentina está en las 182 páginas de Heavy Metal Argentino.

El libro planeta un análisis histórico del genero, rastreando los orígenes del mismo y sus influencias en bandas anteriores a Pappo’s Blues como Vox Dei, Manal y El Reloj entre otras. Un segundo capítulo dedicado a El Carpo, y más precisamente a Riff, describe los primeros recitales en los últimos años de la dictadura, salpicados siempre por actos de violencia del público dentro de los recintos, y la represión policial fuera de los mismos. En los últimos años de la dictadura, el grito de rebeldía del heavy metal parecía ser el escape ideal de tanta frustración del público por la situación del país, y no era raro que un recital de metal terminara con incidentes, hecho que terminaría estigmatizando al género.
El relato continua con la historia V8. Los escenarios compartidos con Pappo, y la gran ayuda que este le dio al grupo. El posterior distanciamiento con el Carpo, las peleas internas y la disolución de la primera banda de heavy argentino. Sin embargo, esto sería el puntapié inicial a otros referentes del género, dando inicio a la primera era del metal local. Comenzaban a surgir las primeras revistas, programas, lugares para tocar y sellos dedicados a la música pesada, que parecía estar viviendo sus mejores años.
Sin embargo, la época de la hiperinflación y el posterior desembarco de un sinfín de artistas internacionales gracias al 1 a 1, terminarían por marcar el ocaso de la primera época dorada del heavy metal argentino, cerca del año 1993.
Como análisis final de esos trece años, el libro culmina con tres entrevista a tres referentes históricos como Ricardo Iorio, Walter Giardino, y el entonces manager de Riff, Mundy Epifanio, que dan su visión sobre los primeros pasos en la historia del metal argentino.

Hace un tiempo tuve el gusto de hablar con ambos autores del libro sobre la historia del mismo. Alejados de la escena –pero nunca retirados-, Frank (actualmente redactor de la revista RSVP), y Carlos, recuerdan la historia del libro.

¿Te acordás del libro?
FB: Sí, por supuesto. Es muy difícil de conseguir, fue una edición muy pequeñita. Este libro nació de una idea de un muchacho que se llamaba Gustavo Díaz, que fue el editor, a quien yo conocía del secundario. Terminé el secundario y empecé con la Madhouse, que habrán sido 5 o 6 años después. El vio la revista, me contactó y me dijo: “mirá, tengo la idea de editar un libro acerca del heavy metal. Pero no internacional, sino la historia local”.
Me pareció buena idea. En su momento dije: “bueno, yo esto no lo voy a poder hacer solo”. Así que lo contacte a Carlos de inmediato. Me acuerdo que le ofrecí a Gustavo Olmedo inclusive, pero no pudo porque estaba con otros temas. Quedamos nosotros dos, y ahí empezó toda la historia.

¿Y al final te costó tanto como vos pensabas?
FB: Fue un cambio de enfoque constante. Yo primero pensé que no iba a ser gran cosa la tarea. Pero costó. Costó lo suyo. Y de hecho, lo que vos ves acá es un primer borrador del libro. Yo se lo di a Gustavo Díaz después de 9 o 10 meses. Casi un año costó buscar toda la información, encontrar a todo el mundo, contando el tiempo para escribir también. Pensá que yo escribía todo el día en Madhouse y tenía que llegar a casa y seguir escribiendo el libro. Tenía la cabeza como un bombo. Así que lo hacía lentamente el trabajo.
Pero fue un primer borrador. Yo le di esto a Gustavo Díaz y le digo: “bueno, revisalo. Fijate que onda y vamos viendo. Ajustamos lo que haya que ajustar, porque todavía hay que escribir un par de cosas más. Hay que unir mejor ciertas cuestiones”. Al día siguiente me dice: “ya está todo en la imprenta”. “¿Cómo que ya está todo en la imprenta? Esto era para que vos lo vieras”. Y bueno, ahí ya era demasiado tarde. Fue una edición heavy metal. Muy a los ponchazos y muy a las apuradas.

¿Pero te quedaste conforme a pesar de eso?
FB: Es un 6 puntos sobre 10, si te tengo que decir la verdad. Faltaron cosas y no está con la forma que tenía que haber quedado. Igual, creo yo, que tiene el merito de haber sido el primer, y hasta la fecha, que yo conozca, el único trabajo sobre este tema.
Mucha gente lo tiene a referencia. Cada tanto te encontrás con alguien que emerge del pasado y te dice “¡que bueno! Yo compré el libro en su momento. Lo encontré hace poco”, y te da una pequeña idea por donde vino la mano. Pero necesitaba más trabajo.

¿Te pareció que era el momento era para escribirlo? ¿No te pareció muy temprano?
FB: Hoy viéndolo en perspectiva puede ser que sí, que haya sido un poco temprano. Pero no obstante, vos pensá que venía toda la historia oficialmente, propiamente el heavy metal llamado así como tal, acá empezó en el ‘80. Para cuando esto se escribió era el ‘93. Trece años de historia era algo. De historia con tremendos altibajos, desapariciones y todo. Pero 13 años parecía que era un bueno momento.

CP: Pasaron muchas cosas, que a lo mejor el libro no alcanzó. Un poco daba a entender que esto no se terminaba y que la cosa iba a seguir. Ya había algunas bandas que ya venían pidiendo pista, y que después al poco tiempo explotaron y se hicieron muy famosos. Obviamente no están del todo representadas en el libro, pero si hay un pequeño resumen.

¿Vos pensás que tuvo más trascendencia un par de años mas tarde que salió?
FB: No es todo lo bueno que tenía que haber sido. No tanto por voluntad nuestra, sino por el editor en aquel momento, que estaba tan ansioso por editarlo que lo mando así como estaba. Pero creo que es verdad, ahora tiene por ahí más trascendencia que la tuvo en su momento, como pasa con tantas cosas. De repente en el sitio este que hicimos de Madhouse en Facebook escribe mucha gente: “che, vi el libro el otro día. ¿Cómo se consigue? ¿Cuando lo van a reeditar? ¿Cuando van a hacer esto o lo otro?” Y te das cuenta que mucha gente lo leyó, que circuló de alguna manera. Y en su momento, ni se enteraron. Era un librito independiente.

CP: Yo creo que la gente lo leyó se dio cuenta seguramente que fue un esfuerzo honesto. Que pusimos lo poco o mucho que nosotros teníamos para dar, lo pusimos con el corazón y a pulmón. Lo que pensábamos, lo dijimos. Bien, mal. Equivocados o no. Y eso a lo mejor el lector que le dedicó un tiempo se pudo dar cuenta de eso. Y tal vez lo que hizo que en definitiva estemos aquí reunidos.

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¿Te sorprende que la gente joven lo siga leyendo?
CP: Sí, es una sorpresa muy agradable.

FB: Me sorprende que nunca nadie haya tomado la posta de hacer algo similar.

¿Pensaron en reeditarlo?
FB: Que buena pregunta. Sí, puede ser. Quizás algún día… La idea siempre está, se puede reeditar, se pueden agregar cosas. Si se hace de nuevo, si llega ese día, se va a hacer como la idea original era, y con los capítulos que demanden. Porque a este le faltan 16 años más. Entonces vamos a tener que buscar otra gente, documentarnos y que se yo. Pero sí, podría ser que vuelva. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Si lo hacemos, va a ser un libro nuevo. No va a ser este mismo libro, va a tener mas cosas, va a tener cosas cambiadas…

¿Y hacer una continuación?
FB: También podría ser. Las opciones son varias. Lo hemos conversado. En algún momento habrá tiempo, ganas, guita y todo lo necesario. El tema del dinero sigue siendo un obstáculo importante. Porque todo esto cuesta plata.

CP: Además de que cuesta plata, este libro tuvo mucha producción pese a lo que se ve. El sentido de ir, recopilar muchos datos, ir a entrevistar a la gente… Así como nosotros no nos pudimos reunir con casi todos los músicos. Todo eso requiere tiempo y dinero. No pudimos hace producciones de fotos. Cuantas cosas que nos quedaron.

FB: Nos quedaron muchas cosas pendientes, mucha cosa hecha a medias. Porque repito, este se entregó para que el tipo lo viera y a la semana siguiente estaba impreso. Para mi fue un shock. Pero bueno, así salió. Ya era demasiado tarde para arrepentirse. De hacerse seguramente va a tener otra forma, otro diseño, más testimonios, lo que le falta y lo que quisimos hacer de otra manera.

¿Cuando terminás el libro, más o menos podías predecir en como podía seguir el metal?
FB: Bueno, esto se terminó en el ‘93. El ‘93 fue la culminación del momento de oro de, todo esto con enormes comillas de acero inoxidable, de toda la etapa menemista. Cuando estaba el dólar 1 a 1 y había plata para todo. Venían un montón de bandas. Los discos estaban baratos, las revistas estaban baratas, las camisetas estaban baratas. Te venía una revista de Inglaterra y vos decías: “que porquería”, y la tirabas. Porque tenías diez. Y todo costaba $1.

CP: Y no estaba Internet.

FB: Internet no estaba en funciones como está ahora. Muy clave lo que dice Carlos. En ese momento yo estaba con la misma impresión que tuve todo el tiempo durante la década pasada. Y bueno todo esto va a parar. Esta rueda va a parar en algún momento, quien sabe cuando. Disfrutemos mientras dure. Así que no sabía decirte. Estaba en una postura expectante. Pero a partir del ‘94, ‘95 que vino lo del efecto tequila y empezó a ir todo un poco atrás, se retrajo todo un poco. Los últimos 5 años de Madhouse fueron lentamente en declive. La revista acompañó a toda una década. Y este libro salió justo casi en la mitad de la década. Creo que en cierto sentido salió en el momento justo. Estaba en una postura de “vamos a ver que pasa”, no podía predecir lo que iba a pasar.

¿Pensás que la convertibilidad y el aluvión de bandas internacionales terminaron por matar al género?
CP: Para nada, todo lo contrario. Yo creo que en el fondo terminó de favorecer al surgimiento de los grupos nacionales, paradójicamente.
Por un lado sirvió como para que se asentara cierta cultura del rock. Ir a un recital, lo que significaba, como comportarse, que esperar de un recital. El hecho de ir, sacar la entrada, esperar, hacer la cola, no hacer lió. Eso se hizo en los ‘90s. Porque antes, cuando nosotros éramos jóvenes, un recital era poco menos que un caos.
Después los músicos pudieron acceder a cierto nivel de equipamiento que antes no podían. Además, veían recitales de grupos realmente importantes. Veían como sonaban, como se comportaban. Y eso bajó a la escena nacional, y de hecho, por ejemplo hubo grupos que en los ‘90s ya estaban en funcionamiento y se comportaban profesionalmente. Rata Blanca estaba bien equipada. Lo mismo otros grupos que venían atrás. El hecho que hayan venido tantos grupos sirvió para el roce. De hecho muchos fueron sus teloneros.
Obviamente, después quedaron los mejores. Los que tuvieron mejores posibilidades, los que tuvieron más suerte. Sirvió, no sin dolor, a que la escena creciera en profesionalismo. Vos no podías salir a hacer cualquier cosa. Empezó a haber videos, había singles. Desde ese punto de vista yo lo veo absolutamente positivo.

FB: Fue un fenómeno asentado en las bases, que todos sabemos como terminó. Pero yendo concretamente a lo que pasó con la escena, sí, el cambio la favoreció y el roce internacional la favoreció. Hubo una profesionalización de la historia, una mayor atención al detalle. Creció todo. Y después bueno, se pincho la burbuja y se cayó todo. También sabemos que sucedió a continuación. Pero muy posiblemente la edad de oro del heavy metal o rock pesado en general haya sido todo en los ‘90s.
Si querés salir a competir ahora te tenés que poner las pilas. Antaño, pre ‘90s, era todo como mejor se podía. Lo cual era verdad, porque no había un mango para nada. Hacías lo que mejor se podía.

Vos decís que siempre había violencia en los recitales. ¿Era particularmente en los de heavy metal o en general?
CP: Que buena pregunta. Yo tengo más experiencia de haber visto recitales de rock pesado, y en esos, en los primeros tiempos, era como una norma. A lo mejor la cultura rockera no estaba tan asentada, la actitud de la policía era un poco más beligerante por así decirlo.

FB: Bueno, en la época del proceso y post proceso era muy dura la cosa con la policía.

CP: Fíjate cuando vinieron los primeros grupos importantes en los ‘80s. Cuando vino Van Halen el comportamiento del grupo era desastroso. Hubo una suerte de pulimento de todas estas cosas.

FB: Cuando vino The Cure, poco más y queman Ferro. Debo haber sido el único boludo que no fue. Porque todo el mundo tiene una anécdota de lo de The Cure.

CP: Yo estaba en la platea y veía como saltaban arriba de los perros.

FB: Maderas encendidas, agarradas a piñas… Y era The Cure, no estamos hablando de Judas Priest. Fue el año ’86 u ‘87, no me acuerdo muy bien ahora.

CP: Pero fíjate que después cuando vinieron los Ramones que fue creo en febrero del ‘88, la primera vez. Un calor bárbaro en febrero, terrible.

FB: Lo primero que hacen es empezar a tocar… y revienta un amplificador. Que en un primer momento todo el mundo pensaba “¡oh, que fantástico efecto! Salen y revientan los amplificadores”. No, reventó porque era todo barato y reventó. El show estuvo parado media hora, y a la salida, represión policial, porque no tenían nada que hacer.
Había un policía con un látigo. Yo siempre cuento esta anécdota. Estaba sacado. Para mi se había tomado algo. Los demás canas se cagaban de risa. No le pegaba a nadie obviamente pero mirá lo que te estoy diciendo, a la salida de un recital te encontrás con un policía que está dando latigazos contra la gente.

CP: Después eso fue cambiando. Estos fueron los últimos estertores de ese tipo de comportamiento tan loco. Después cuando fue el recital en 1990 que estuvo Tarzen, Alakran, Bon Jovi. Ahí ya el comportamiento como ya estaba más tranquilo, ya había cambiado.

¿El quilombo era afuera o adentro?
FB: Era afuera y adentro, según las circunstancias. No siempre se daba y a veces si se. Tenías siempre la posibilidad de que pudiera ocurrir algo.
No era siempre así, pero podían pasar esas cosas. Por ahí ibas a ver a V8 a Valentín Alsina y no pasaba nada, y todo el mundo se portaba como señoritos ingleses. No había un patrón de comportamiento, pero tenías siempre la posibilidad latente de que hubiera quilombo.
Con Riff en Obras, también. La presentación de Contenidos fue una masacre. Hicieron dos funciones el mismo día, una locura. Lo tendrían que haber hecho en River.
Riff era grande en ese momento. Hicieron dos Obras y estaba lleno de público. Lo cola ocupaba hasta la mitad de Libertador. Los pibes, que ya estaban podridos de esperar, empezaron a tirarle piedras a los colectivos. Se armó un quilombo bárbaro. Vino la policía y se llevaron la mitad de los que estaban tirando cosas. Fue medio un clima de guerra. Y después ibas a otro recital de Riff y era todo alegría, buen humor y flores caídas del cielo.

Pappo entraba en varios recitales dando cadenazos al suelo. Entonces, ¿quien empezó? ¿El, o el publico que ya venia con toda esa frustración?
FB: Yo creo que viene más por ese lado. Pensá que en este momento estamos hablando del año ‘80, ‘81, estertores del proceso. Y no podías hacer un carajo básicamente. No podías hacer nada. Y el recital de rock era como la cancha, el único lugar donde podías más o menos putear, escupirte, empujarte con los demás, y a veces una cosa lleva a la otra.
Pappo sí es verdad entró una vuelta con una cadena que se había hecho hacer especialmente, que era un cadenazo, y se hacía el malo. Pero era más risible.
Fueron los primero que usaban efectos. Pusieron humo en el escenario, una batería más alta, se pusieron pilchas especiales…. Una vez entró una bailarina cuando hacían “La Dama del Lago” y esas cosas. Tuvieron una producción. Pero los chicos estaban descontrolados.
Lo de Ferro, el recital final de Riff, también fue otra masacre. No había una conciencia de que tenías que hacer en un recital de rock, o hasta donde podés llegar. Incluso de parte de los organizadores, que tampoco tomaban todas las medidas que tenían que tomar. Cosa que se aprendió en los ‘90s.

CP: A fuerza de prueba y error. Porque algunos no podían diferenciar que una cosa es lo que pasaba en el escenario. Si tiene una cadena en el escenario no significa que había que emprenderla a cadenazos contra todos. De todo eso hubo una evolución.

¿Y por qué se calmó la gente?
CP: Yo creo que fue entendiendo que se trataba de un entretenimiento. Mal que bien, uno pagaba la entrada para ver un espectáculo, pasarla bien, disfrutar. Podías llegar a descargar gritando, bailando, haciendo mosh, haciendo pogo. Pero eso no significaba que tenías que dañar al semejante, romper las instalaciones del lugar que te albergaba. En eso sí, como que hubo un acercamiento a lo que eran las audiencias mundiales.

¿Entonces la llegada de las bandas internacionales apaciguó todo?
CP: Pudo haber influido. Pero a Van Halen se lo hicieron igual.

FB: Van Halen fue más tranqui, pero a Quiet Riot le tiraron abajo una torre de iluminación que cayó sobre la gente y no se mató nadie.

CP: Los recitales estaban mejor producidos, el ingreso del publico estaba más ordenado, había un poco más de comodidad, se empezaba a horario…

FB: Al no tener a la gente tres horas esperando en la puerta, la gente entra más tranqui para empezar.

CP: Y hubo un proceso también que no hablamos (en el libro), que fue de mucha enseñanza, que fue dado por el boliche Halley. En la discoteca Halley se sabía que había recitales. No había prácticamente líos, salvo algún episodio aislado. Entonces eso también fue sirviendo. Sabías que entrabas y que el show empezaba a la misma hora.

¿Cómo hacían en aquél entonces para enterarse de cuando se hacía los recitales?
FB: Básicamente tenías volantes en los recitales. El boca en boca funcionaba mucho. Las revistas que había en su momento también ayudaban. Madhouse en su momento también tenía una cartelera bastante importante.
Cabe aclarar que para el libro, una cosa que ayudo mucho fue una neurosis de Astroboy. Claudio Astroboy era el diseñador de la revista Madhouse. Y cuando se enteró que estábamos escribiendo el libro me pasó toda una lista que tenía él desde 1979 a la fecha con todos los recitales a los cuales había ido, dónde habían sido y la fecha. Me quedé seco. Pero eso me ayudo mucho para que este libro tuviera un poco más de precisión con los tiempos y todo. Por ahí no teníamos un registro de cuando había tocado Riff y que día. Pero esto ayudo mucho, gracias a que este pibe lo tenía obsesivamente anotado.
Y eran momentos en que la difusión era más difícil. Las bandas que llegaban a la revista tenían que venir con un demo, una foto y todo. Y tomarse el laburo de hacerla circular. Hoy tenés MySpace o cualquiera de estos sitios.

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¿Cuál fue tu primera impresión cuando escuchaste V8?
FB: Me prestaron el disco Luchando por el Metal y me gustó. Y esa misma tarde me fui corriendo a comprarlo en una disquería que estaba en Corrientes y Lavalleja. Y bueno, sí, fue un cambio de lo de Riff. Como todo en la vida, a vos te empieza a gustar algo y cada vez querés más, más y mas, hasta cierto punto vas a quererlo más fuerte más grosso y más rápido. Y estos eran más fuertes, más rápidos, más jóvenes, más rebeldes e infinitamente más despelotados de lo que era Riff en ese momento. Así que era como las divisiones inferiores de Riff.
Sí me gustó mucho y me marcó mucho. Y hablaban de las cosas que todo heavy metal que se preciara de tal, vivía en aquel momento.

CP: Aclaro que yo soy un poco más chico que él. Y que yo no llegué as ser un fan del heavy metal directamente.  A mi me gusta más el rock sinfónico, y por ese entonces no estaba tan metido. Y no tuve realmente, como le pasó a Frank, una impresión muy positiva de V8 la verdad. No me impactó mucho. Siempre prefería Riff, claramente por sobre todas las cosas. Por lo cual siempre se generaban lindos debates en la redacción.

¿Por qué se terminaron distanciando los V8 de Pappo?
FB: Los de V8 eran muy pibes, muy drogones y muy quilomberos. No se si necesariamente en ese orden.

CP: En una parte del recital (en Velez, Iorio) dijo: “cuando toquemos solos esto no va a pasar”.

FB: Y ahí ya se fueron separando las aguas. A parte ellos querían ir a España. El mariscal Romero era amigo de Mundy Epifanio. Y como estaba “del lado” de los Riff, les dijo que con la banda que tenían y el estado en que estaban, eran muy desprolijos eran muy enquilombados y no sabían bien lo que querían, y que no era el momento. Ellos se ofendieron bastante y ahí es como que hubo todo un vortex.
Pero V8 era un auto que iba 700 km/h por la banquina y en sentido contrario por la autopista. Iba camino a la destrucción porque ellos mismos en ese momento no estaban en condiciones de nada. Más que un manager, necesitaban un grupo de nazis que los tuvieran en un campo de concentración, porque no se los podía manejar. Y en cierto punto tenés que adecuarte a jugar con ciertas reglas. Y ellos estaban muy hechos mierda.
El enano terminó preso en Brasil, Civile vivía loco por las drogas, Zamarbide iba y venía, y Iorio, míralo hoy como sigue. Tenían sus quibombos, eran buena gente, pero tenían sus quilombos.

En el reportaje final con Mundy Epifanio, él parecía estar bastante enojado con los músicos locales.
CP: Es que el conoce el otro lado. Una cosa es ver al músico en el escenario tocando. Pero para que el músico toque, hay una larga serie de trabajos previos. Y él está en toda esta cadena. Y se invisibiliza cuando el grupo empieza a tocar. Pero todo lo que hay atrás, él en parte es responsable y señala muchas veces la perdida de oportunidades por cierta falta de profesionalismo de los músicos. Por ciertas consecuencias en sus conductas. O justamente por no ser profesionales las que se perdieron.
Y muchas veces son caracteres complicados. Muchos son un poco ególatras. O andá a saber que ideas tienen en la cabeza y se ponen intratables.

FB: La parte de Mundy es una de las más interesantes. Por supuesto tenés que escuchar las dos campanas, porque por ahí el te dice “con Los Violadores me pasó esto”, y Los Violadores dirán otra cosa. Vos entre todo lo que escuchas vas extrapolando la verdad.
Pero digamos que el tipo es un personaje importantísimos, porque fue el primer manager que hubo en toda esta movida, y estuvo atrás fogoneando lo que fue Riff. Riff entre el ‘80 y el ‘82 eran los Beatles acá. Del heavy metal obviamente.

CP: Muchas de las cosas que ocurrieron en la escena fueron producto directo de su inspiración y su trabajo.

FB: No es un santo obviamente, se habrá mandado sus cagadas. Yo no lo discuto eso.

¿Con Pappo tenías relación?
CP: Le hicimos varios reportajes, pero yo tenía más relación con Vitico en realidad. Yo no escribía en Madhouse pero me tocó entrevistarlo y generamos una buena relación y justamente era muy conciente de todo lo que Riff había provocado en términos de hacer lío.

FB: Con Pappo yo no tenía tanta relación. Sí con Mundy, y a través de el se han hecho miles de reportajes. A través de Mundy en un momento hice los textos para un libro que salió en un boxset de V8.
Pero Pappo siempre fue una figura. En los ‘90 quedó muy devaluado en un momento porque venía todo el mundo y surgían bandas de acá. Y tuvo un momento medio de decadencia a mitad de la década y después empezó a resurgir cuando sacó Blues Local. Ahí se fue para arriba de acá.

CP: Vos pensá que él no estaba, se había ido a Estados Unidos. No estaba acá y nadie lo iba a esperar. Y bueno, surgieron otros grupos. Para el metal estaba Rata Blanca que se estaba llevando puesto todo. Llenaba Velez. Pero volvió, armó Riff, y sacó el Blues Local. Tuvo ese inmenso éxito de “nadie se atreva a tocar a mi vieja”. Y el demonizado pasó a integrar las sobremesas familiares, y ahora todos cantaban las canciones de Pappo.

FB: A Pappo lo empezaron a aceptar, digamos 15 años después de Riff, y 20 años después que empezó su carera. Hoy hablás de Pappo y: “Pappo es un semidiós”. En su momento era el gordo boludo, el borracho.

¿Como les pegó su muerte?
CP: Muy mal.

FB: Mal.

¿Cómo se enteraron?
FB: Viendo televisión a la madrugada. Estaba laburando en casa y tenía la tele de fondo. Y de repente escucho: “murió Pappo”. La expresión típica del baldazo de agua fría. Fue un baldazo de agua helada con cubitos y dos pingüinos. Fue triste. Fue triste que tuviera una muerte tan boluda por un lado, y tan de él, por el otro. De ir a toda velocidad por ahí. Pero morirse de esa manera…
Porque el tipo tenía muchísimo para dar todavía. Se fue muy pronto, y era una persona querible. Ves que sigue vivo cada otro pelotudo, que bueno, es la reflexión obvia que te surge. Pero sí, fue una pena grande.

CP: Yo me enteré por la radio. Pero coincido.

FB: Nunca supe bien como fue lo de Pappo. La verdad tampoco quise averiguar mucho. Se que se cayó en la avenida. Me da pena.
Lo de Civile, por ejemplo, si me asombró. Yo nunca pensé que se fuera a matar ni nada. Esa fue otra clase de muerte.

¿No esperabas que termine así?
FB: ¿Que muriera joven? Sí. ¿Que muriera matándose así? No, jamás. Va a sonar horrible lo que voy a decir, pero lo veía más con un problema con el alcohol o con drogas o algo así, antes que pegándose un tiro. O colgándose de un árbol. Esa fue otra cosa terrible. Lo de Civile fue muy sórdido. Era un buen tipo…

¿Y de eso como te enteraste?
FB: Estaba en Madhouse y me vinieron a contar. Y me quedé duro. Pensé por un lado: “pobre, estaba tan hecho mierda. ¿Murió enfermo? No, se pegó un tiro”. Bueno, es gente que se fue. No tiene tantos mártires la escena.

¿Algo así como un Hendrix?
FB: El Hendrix de acá sería Pappo. Y Civile en un segundo lugar. Yo estaba en Italia en el 2002, y me enteré de lo de Ricky de Flema. A Ricky lo conocía, pobre. Lo vi en montones de ocasiones. Era un muy buen tipo, un tipo muy agradable. Siempre en la revista le dábamos con un palo, y él se lo tomaba con un humor. Me parecía fenómeno. Y me entero que se fue a morir drogado, borracho, que se tiro del balcón, no se que historia extraña. Es lo que dijiste vos, la muerte evitable. Mirá que manera tonta de morirse. En que tristes circunstancias. Pero bueno, afortunadamente son pocos los que se fueron.

¿Y cómo ves al heavy ahora?
FB: Yo estoy un poco alejado de la escena, porque estoy haciendo otra cosa, desde que terminó Madhouse (2001). Me mantengo informado de lo más elemental, veo videos, me meto en Internet y en YouTube. Trato de escuchar nuevas bandas, me mantengo en la medida de lo posible. Pero, por supuesto, no estoy sumergido todo el tiempo en el tema como cuando estaba en Madhouse.
El heavy metal hoy lo veo… por un lado tenés los ahora dinosaurios que sobreviven y se mantienen, que la gente los va a ver cuando les hacen un homenaje, y un montón de banditas de distintos estilos. Veo todo ahora como muy marcado entre lo muy tradicional y lo muy moderno. En un momento había un equilibrio en ese aspecto. Pero nada que te marque una punta que te diga, para este lado esta yendo la cosa. Se siguen repitiendo formulas y se sigue manteniendo todo en ese estilo. Lo ultimo que he escuchado que me gusta, y que lamentablemente se separaron, son los Hellacopters. Si bien tampoco hacían nada esencialmente nuevo, por ahí los tipos le agregaban una frescura o algo así que no tenían otras bandas. Y sin embargo no te estoy diciendo nada nuevo. No se que se puede esperar, quizás venga por lado de lo electrónico. Hay que ver como evoluciona la cosa.

CP: Un poco como él, a lo mejor lo que agregaría es que no advierto las grandes canciones, los grandes cantantes, recordar un solo de guitarra. Ese tipo de cosas no las veo. No veo un grupo de hard rock interesante como para decir: “¡que cantante!” Uno que sobre ese camino le encuentre una vueltita.
Adhiero a lo que él dice. Puede ser que a lo mejor no sea la época. Vos pensá que durante los ‘90, el hard rock en sus distintas variantes dominó el panorama musical. Y bueno, todo eso no se puede mantener permanentemente.

FB: Lo bueno es que se siguen haciendo cosas, que la cuestión esta permanece. Yo espero que se mantenga todo lo que es la actitud y la cuestión ideológica del metal, del punk y del hard rock. Porque eso es lo que inspira a los chicos. Pero no se como va a evolucionar con el tiempo.
Sí creo que falta una actitud rebelde que es lo que caracteriza al rock y que últimamente no la veo tanto. Veo ahora muchos recitales auspiciados. Todo parece que tiene que tener un auspicio, un sponsor. Es como todo muy pasteurizado en ese aspecto. Necesitás algo que se salga de la regla, que se salga bien. Que rompa un poco con lo establecido en el bueno sentido.

¿Y contra qué te podes rebelar en estos días?
FB: Acá después de lo de Cromagnon tenés toda una serie de regimenes para hacer recitales y para buscar un lugar. A mi me parece desesperante eso. Me da no se que ir a un recital y mostrar los documentos. Ya a esta altura a mi no me los van a pedir, a lo sumo me alcanzaran una silla de ruedas. De metal.
Siempre hay extremos acá. Pasamos de la joda absoluta, a un régimen nazi. Y viceversa. Y quisiera que esas cosas se rompan un poco. No necesitás un auspiciante para dar un paso, si tenés ganas de hacer algo de verdad. Veo cierta pasterización, cierta cuestión en ese sentido que mucho no me gusta. Pero bueno, quizás son cosas de persona mayor. De añoralgias de otras épocas. Pero creo que siempre tenés que tener algo contra lo cual rebelarte, en el buen sentido, y llevarlo a cabo.
De hecho el rock and roll empezó también como una vía de escape para la juventud norteamericana, en un momento después de la segunda guerra donde todos iban con el pelo corto a tomar una malteada a la esquina. En cierta forma es una vía de escape que te permite romper un poco las pelotas y estar más conciente de las cosas. Creo que es lo bueno del rock and roll, que te acompaña en los años de rebeldía en el momento en que lo tenés que tener. Y es donde podés crear, y podés tener empuje y podes tener ganas de hacer algo que necesite ser hecho, el rock and roll acompaña mucho y bien en ese aspecto.

¿Y algún consejo para los que están haciendo periodismo?
FB: La regla de Oscar Wilde: “la única regla para escribir es que tengas algo para decir, y decirlo”. En esto caso, que lean mucho, que se preparen lo mejor que puedan y que realmente tengan algo para decir. Creo que leer mucho es la clave. El que nunca ha leído, no va a escribir bien. Hay que leer mucho, hay que informarse, hay que estar al tanto, perfeccionarse lo más que se pueda. Y ser honestos.

CP: Obviamente las reglas de gramática, comportarse con profesionalismo, admitir que a veces los entrevistados no se comportan. Pero hay una cuestión básica, esencial, que es la honestada con uno mismo.

FB: Tenés que tener algo para decir, y tenés que ser honesto para decirlo. Eso es lo básico. Si no tenés una de estas dos cosas, bueno… mejor no lo intentes.

CP: Y junto con la honestidad, también cierto cariño por el genero. Si no te gusta el estilo, ¿que estas haciendo ahí?

a historia de la historia

En 1993, Frank Blumetti y Carlos Parise, dos redactores de la revista Madhouse, editaban el primer libro de historia del heavy metal argentino. Si bien muchos podrán citar el libro V8, un sentimiento, de Ana Mourín como precursor; el primer registro de la historia metalera argentina está en las 182 páginas de Heavy Metal Argentino.

El libro planeta un análisis histórico del genero, rastreando los orígenes del mismo y sus influencias en bandas anteriores a Pappo’s Blues como Vox Dei, Manal y El Reloj entre otras. Un segundo capítulo dedicado a El Carpo, y más precisamente a Riff, describe los primeros recitales en los últimos años de la dictadura, salpicados siempre por actos de violencia del público dentro de los recintos, y la represión policial fuera de los mismos. En los últimos años de la dictadura, el grito de rebeldía del heavy metal parecía ser el escape ideal de tanta frustración del público por la situación del país, y no era raro que un recital de metal terminara con incidentes, hecho que terminaría estigmatizando al género.

El relato continua con la historia V8. Los escenarios compartidos con Pappo, y la gran ayuda que este le dio al grupo. El posterior distanciamiento con el Carpo, las peleas internas y la disolución de la primera banda de heavy argentino. Sin embargo, esto sería el puntapié inicial a otros referentes del género, dando inicio a la primera era del metal local. Comenzaban a surgir las primeras revistas, programas, lugares para tocar y sellos dedicados a la música pesada, que parecía estar viviendo sus mejores años.

Sin embargo, la época de la hiperinflación y el posterior desembarco de un sinfín de artistas internacionales gracias al 1 a 1, terminarían por marcar el ocaso de la primera época dorada del heavy metal argentino, cerca del año 1993.

Como análisis final de esos trece años, el libro culmina con tres entrevista a tres referentes históricos como Ricardo Iorio, Walter Giardino, y el entonces manager de Riff, Mundy Epifanio, que dan su visión sobre los primeros pasos en la historia del metal argentino.

Hace un tiempo tuve el gusto de hablar con ambos autores del libro sobre la historia del mismo. Alejados de la escena –pero nunca retirados-, Frank (actualmente redactor de la revista RSVP), y Carlos, recuerdan la historia del libro.

¿Te acordás del libro?

FB: Sí, por supuesto. Es muy difícil de conseguir, fue una edición muy pequeñita. Este libro nació de una idea de un muchacho que se llamaba Gustavo Díaz, que fue el editor, a quien yo conocía del secundario. Terminé el secundario y empecé con la Madhouse, que habrán sido 5 o 6 años después. El vio la revista, me contactó y me dijo: “mirá, tengo la idea de editar un libro acerca del heavy metal. Pero no internacional, sino la historia local”.

Me pareció buena idea. En su momento dije: “bueno, yo esto no lo voy a poder hacer solo”. Así que lo contacte a Carlos de inmediato. Me acuerdo que le ofrecí a Gustavo Olmedo inclusive, pero no pudo porque estaba con otros temas. Quedamos nosotros dos, y ahí empezó toda la historia.

¿Y al final te costó tanto como vos pensabas?

FB: Fue un cambio de enfoque constante. Yo primero pensé que no iba a ser gran cosa la tarea. Pero costó. Costó lo suyo. Y de hecho, lo que vos ves acá es un primer borrador del libro. Yo se lo di a Gustavo Díaz después de 9 o 10 meses. Casi un año costó buscar toda la información, encontrar a todo el mundo, contando el tiempo para escribir también. Pensá que yo escribía todo el día en Madhouse y tenía que llegar a casa y seguir escribiendo el libro. Tenía la cabeza como un bombo. Así que lo hacía lentamente el trabajo.

Pero fue un primer borrador. Yo le di esto a Gustavo Díaz y le digo: “bueno, revisalo. Fijate que onda y vamos viendo. Ajustamos lo que haya que ajustar, porque todavía hay que escribir un par de cosas más. Hay que unir mejor ciertas cuestiones”. Al día siguiente me dice: “ya está todo en la imprenta”. “¿Cómo que ya está todo en la imprenta? Esto era para que vos lo vieras”. Y bueno, ahí ya era demasiado tarde. Fue una edición heavy metal. Muy a los ponchazos y muy a las apuradas.

¿Pero te quedaste conforme a pesar de eso?

FB: Es un 6 puntos sobre 10, si te tengo que decir la verdad. Faltaron cosas y no está con la forma que tenía que haber quedado. Igual, creo yo, que tiene el merito de haber sido el primer, y hasta la fecha, que yo conozca, el único trabajo sobre este tema.

Mucha gente lo tiene a referencia. Cada tanto te encontrás con alguien que emerge del pasado y te dice “¡que bueno! Yo compré el libro en su momento. Lo encontré hace poco”, y te da una pequeña idea por donde vino la mano. Pero necesitaba más trabajo.

¿Te pareció que era el momento era para escribirlo? ¿No te pareció muy temprano?

FB: Hoy viéndolo en perspectiva puede ser que sí, que haya sido un poco temprano. Pero no obstante, vos pensá que venía toda la historia oficialmente, propiamente el heavy metal llamado así como tal, acá empezó en el ‘80. Para cuando esto se escribió era el ‘93. Trece años de historia era algo. De historia con tremendos altibajos, desapariciones y todo. Pero 13 años parecía que era un bueno momento.

CP: Pasaron muchas cosas, que a lo mejor el libro no alcanzó. Un poco daba a entender que esto no se terminaba y que la cosa iba a seguir. Ya había algunas bandas que ya venían pidiendo pista, y que después al poco tiempo explotaron y se hicieron muy famosos. Obviamente no están del todo representadas en el libro, pero si hay un pequeño resumen.

¿Vos pensás que tuvo más trascendencia un par de años mas tarde que salió?

FB: No es todo lo bueno que tenía que haber sido. No tanto por voluntad nuestra, sino por el editor en aquel momento, que estaba tan ansioso por editarlo que lo mando así como estaba. Pero creo que es verdad, ahora tiene por ahí más trascendencia que la tuvo en su momento, como pasa con tantas cosas. De repente en el sitio este que hicimos de Madhouse en Facebook escribe mucha gente: “che, vi el libro el otro día. ¿Cómo se consigue? ¿Cuando lo van a reeditar? ¿Cuando van a hacer esto o lo otro?” Y te das cuenta que mucha gente lo leyó, que circuló de alguna manera. Y en su momento, ni se enteraron. Era un librito independiente.

CP: Yo creo que la gente lo leyó se dio cuenta seguramente que fue un esfuerzo honesto. Que pusimos lo poco o mucho que nosotros teníamos para dar, lo pusimos con el corazón y a pulmón. Lo que pensábamos, lo dijimos. Bien, mal. Equivocados o no. Y eso a lo mejor el lector que le dedicó un tiempo se pudo dar cuenta de eso. Y tal vez lo que hizo que en definitiva estemos aquí reunidos.

¿Te sorprende que la gente joven lo siga leyendo?

CP: Sí, es una sorpresa muy agradable.

FB: Me sorprende que nunca nadie haya tomado la posta de hacer algo similar.

¿Pensaron en reeditarlo?

FB: Que buena pregunta. Sí, puede ser. Quizás algún día… La idea siempre está, se puede reeditar, se pueden agregar cosas. Si se hace de nuevo, si llega ese día, se va a hacer como la idea original era, y con los capítulos que demanden. Porque a este le faltan 16 años más. Entonces vamos a tener que buscar otra gente, documentarnos y que se yo. Pero sí, podría ser que vuelva. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Si lo hacemos, va a ser un libro nuevo. No va a ser este mismo libro, va a tener mas cosas, va a tener cosas cambiadas…

¿Y hacer una continuación?

FB: También podría ser. Las opciones son varias. Lo hemos conversado. En algún momento habrá tiempo, ganas, guita y todo lo necesario. El tema del dinero sigue siendo un obstáculo importante. Porque todo esto cuesta plata.

CP: Además de que cuesta plata, este libro tuvo mucha producción pese a lo que se ve. El sentido de ir, recopilar muchos datos, ir a entrevistar a la gente… Así como nosotros no nos pudimos reunir con casi todos los músicos. Todo eso requiere tiempo y dinero. No pudimos hace producciones de fotos. Cuantas cosas que nos quedaron.

FB: Nos quedaron muchas cosas pendientes, mucha cosa hecha a medias. Porque repito, este se entregó para que el tipo lo viera y a la semana siguiente estaba impreso. Para mi fue un shock. Pero bueno, así salió. Ya era demasiado tarde para arrepentirse. De hacerse seguramente va a tener otra forma, otro diseño, más testimonios, lo que le falta y lo que quisimos hacer de otra manera.

¿Cuando terminás el libro, más o menos podías predecir en como podía seguir el metal?

FB: Bueno, esto se terminó en el ‘93. El ‘93 fue la culminación del momento de oro de, todo esto con enormes comillas de acero inoxidable, de toda la etapa menemista. Cuando estaba el dólar 1 a 1 y había plata para todo. Venían un montón de bandas. Los discos estaban baratos, las revistas estaban baratas, las camisetas estaban baratas. Te venía una revista de Inglaterra y vos decías: “que porquería”, y la tirabas. Porque tenías diez. Y todo costaba $1.

CP: Y no estaba Internet.

FB: Internet no estaba en funciones como está ahora. Muy clave lo que dice Carlos. En ese momento yo estaba con la misma impresión que tuve todo el tiempo durante la década pasada. Y bueno todo esto va a parar. Esta rueda va a parar en algún momento, quien sabe cuando. Disfrutemos mientras dure. Así que no sabía decirte. Estaba en una postura expectante. Pero a partir del ‘94, ‘95 que vino lo del efecto tequila y empezó a ir todo un poco atrás, se retrajo todo un poco. Los últimos 5 años de Madhouse fueron lentamente en declive. La revista acompañó a toda una década. Y este libro salió justo casi en la mitad de la década. Creo que en cierto sentido salió en el momento justo. Estaba en una postura de “vamos a ver que pasa”, no podía predecir lo que iba a pasar.

¿Pensás que la convertibilidad y el aluvión de bandas internacionales terminaron por matar al género?

CP: Para nada, todo lo contrario. Yo creo que en el fondo terminó de favorecer al surgimiento de los grupos nacionales, paradójicamente.

Por un lado sirvió como para que se asentara cierta cultura del rock. Ir a un recital, lo que significaba, como comportarse, que esperar de un recital. El hecho de ir, sacar la entrada, esperar, hacer la cola, no hacer lió. Eso se hizo en los ‘90s. Porque antes, cuando nosotros éramos jóvenes, un recital era poco menos que un caos.

Después los músicos pudieron acceder a cierto nivel de equipamiento que antes no podían. Además, veían recitales de grupos realmente importantes. Veían como sonaban, como se comportaban. Y eso bajó a la escena nacional, y de hecho, por ejemplo hubo grupos que en los ‘90s ya estaban en funcionamiento y se comportaban profesionalmente. Rata Blanca estaba bien equipada. Lo mismo otros grupos que venían atrás. El hecho que hayan venido tantos grupos sirvió para el roce. De hecho muchos fueron sus teloneros.

Obviamente, después quedaron los mejores. Los que tuvieron mejores posibilidades, los que tuvieron más suerte. Sirvió, no sin dolor, a que la escena creciera en profesionalismo. Vos no podías salir a hacer cualquier cosa. Empezó a haber videos, había singles. Desde ese punto de vista yo lo veo absolutamente positivo.

FB: Fue un fenómeno asentado en las bases, que todos sabemos como terminó. Pero yendo concretamente a lo que pasó con la escena, sí, el cambio la favoreció y el roce internacional la favoreció. Hubo una profesionalización de la historia, una mayor atención al detalle. Creció todo. Y después bueno, se pincho la burbuja y se cayó todo. También sabemos que sucedió a continuación. Pero muy posiblemente la edad de oro del heavy metal o rock pesado en general haya sido todo en los ‘90s.

Si querés salir a competir ahora te tenés que poner las pilas. Antaño, pre ‘90s, era todo como mejor se podía. Lo cual era verdad, porque no había un mango para nada. Hacías lo que mejor se podía.

Vos decís que siempre había violencia en los recitales. ¿Era particularmente en los de heavy metal o en general?

CP: Que buena pregunta. Yo tengo más experiencia de haber visto recitales de rock pesado, y en esos, en los primeros tiempos, era como una norma. A lo mejor la cultura rockera no estaba tan asentada, la actitud de la policía era un poco más beligerante por así decirlo.

FB: Bueno, en la época del proceso y post proceso era muy dura la cosa con la policía.

CP: Fíjate cuando vinieron los primeros grupos importantes en los ‘80s. Cuando vino Van Halen el comportamiento del grupo era desastroso. Hubo una suerte de pulimento de todas estas cosas.

FB: Cuando vino The Cure, poco más y queman Ferro. Debo haber sido el único boludo que no fue. Porque todo el mundo tiene una anécdota de lo de The Cure.

CP: Yo estaba en la platea y veía como saltaban arriba de los perros.

FB: Maderas encendidas, agarradas a piñas… Y era The Cure, no estamos hablando de Judas Priest. Fue el año ’86 u ‘87, no me acuerdo muy bien ahora.

CP: Pero fíjate que después cuando vinieron los Ramones que fue creo en febrero del ‘88, la primera vez. Un calor bárbaro en febrero, terrible.

FB: Lo primero que hacen es empezar a tocar… y revienta un amplificador. Que en un primer momento todo el mundo pensaba “¡oh, que fantástico efecto! Salen y revientan los amplificadores”. No, reventó porque era todo barato y reventó. El show estuvo parado media hora, y a la salida, represión policial, porque no tenían nada que hacer.

Había un policía con un látigo. Yo siempre cuento esta anécdota. Estaba sacado. Para mi se había tomado algo. Los demás canas se cagaban de risa. No le pegaba a nadie obviamente pero mirá lo que te estoy diciendo, a la salida de un recital te encontrás con un policía que está dando latigazos contra la gente.

CP: Después eso fue cambiando. Estos fueron los últimos estertores de ese tipo de comportamiento tan loco. Después cuando fue el recital en 1990 que estuvo Tarzen, Alakran, Bon Jovi. Ahí ya el comportamiento como ya estaba más tranquilo, ya había cambiado.

¿El quilombo era afuera o adentro?

FB: Era afuera y adentro, según las circunstancias. No siempre se daba y a veces si se. Tenías siempre la posibilidad de que pudiera ocurrir algo.

No era siempre así, pero podían pasar esas cosas. Por ahí ibas a ver a V8 a Valentín Alsina y no pasaba nada, y todo el mundo se portaba como señoritos ingleses. No había un patrón de comportamiento, pero tenías siempre la posibilidad latente de que hubiera quilombo.

Con Riff en Obras, también. La presentación de Contenidos fue una masacre. Hicieron dos funciones el mismo día, una locura. Lo tendrían que haber hecho en River.

Riff era grande en ese momento. Hicieron dos Obras y estaba lleno de público. Lo cola ocupaba hasta la mitad de Libertador. Los pibes, que ya estaban podridos de esperar, empezaron a tirarle piedras a los colectivos. Se armó un quilombo bárbaro. Vino la policía y se llevaron la mitad de los que estaban tirando cosas. Fue medio un clima de guerra. Y después ibas a otro recital de Riff y era todo alegría, buen humor y flores caídas del cielo.

Pappo entraba en varios recitales dando cadenazos al suelo. Entonces, ¿quien empezó? ¿El, o el publico que ya venia con toda esa frustración?

FB: Yo creo que viene más por ese lado. Pensá que en este momento estamos hablando del año ‘80, ‘81, estertores del proceso. Y no podías hacer un carajo básicamente. No podías hacer nada. Y el recital de rock era como la cancha, el único lugar donde podías más o menos putear, escupirte, empujarte con los demás, y a veces una cosa lleva a la otra.

Pappo sí es verdad entró una vuelta con una cadena que se había hecho hacer especialmente, que era un cadenazo, y se hacía el malo. Pero era más risible.

Fueron los primero que usaban efectos. Pusieron humo en el escenario, una batería más alta, se pusieron pilchas especiales…. Una vez entró una bailarina cuando hacían “La Dama del Lago” y esas cosas. Tuvieron una producción. Pero los chicos estaban descontrolados.

Lo de Ferro, el recital final de Riff, también fue otra masacre. No había una conciencia de que tenías que hacer en un recital de rock, o hasta donde podés llegar. Incluso de parte de los organizadores, que tampoco tomaban todas las medidas que tenían que tomar. Cosa que se aprendió en los ‘90s.

CP: A fuerza de prueba y error. Porque algunos no podían diferenciar que una cosa es lo que pasaba en el escenario. Si tiene una cadena en el escenario no significa que había que emprenderla a cadenazos contra todos. De todo eso hubo una evolución.

¿Y por qué se calmó la gente?

CP: Yo creo que fue entendiendo que se trataba de un entretenimiento. Mal que bien, uno pagaba la entrada para ver un espectáculo, pasarla bien, disfrutar. Podías llegar a descargar gritando, bailando, haciendo mosh, haciendo pogo. Pero eso no significaba que tenías que dañar al semejante, romper las instalaciones del lugar que te albergaba. En eso sí, como que hubo un acercamiento a lo que eran las audiencias mundiales.

¿Entonces la llegada de las bandas internacionales apaciguó todo?

CP: Pudo haber influido. Pero a Van Halen se lo hicieron igual.

FB: Van Halen fue más tranqui, pero a Quiet Riot le tiraron abajo una torre de iluminación que cayó sobre la gente y no se mató nadie.

CP: Los recitales estaban mejor producidos, el ingreso del publico estaba más ordenado, había un poco más de comodidad, se empezaba a horario…

FB: Al no tener a la gente tres horas esperando en la puerta, la gente entra más tranqui para empezar.

CP: Y hubo un proceso también que no hablamos (en el libro), que fue de mucha enseñanza, que fue dado por el boliche Halley. En la discoteca Halley se sabía que había recitales. No había prácticamente líos, salvo algún episodio aislado. Entonces eso también fue sirviendo. Sabías que entrabas y que el show empezaba a la misma hora.

¿Como hacían en aquél entonces para enterarse de cuando se hacía los recitales?

FB: Básicamente tenías volantes en los recitales. El boca en boca funcionaba mucho. Las revistas que había en su momento también ayudaban. Madhouse en su momento también tenía una cartelera bastante importante.

Cabe aclarar que para el libro, una cosa que ayudo mucho fue una neurosis de Astroboy. Claudio Astroboy era el diseñador de la revista Madhouse. Y cuando se enteró que estábamos escribiendo el libro me pasó toda una lista que tenía él desde 1979 a la fecha con todos los recitales a los cuales había ido, dónde habían sido y la fecha. Me quedé seco. Pero eso me ayudo mucho para que este libro tuviera un poco más de precisión con los tiempos y todo. Por ahí no teníamos un registro de cuando había tocado Riff y que día. Pero esto ayudo mucho, gracias a que este pibe lo tenía obsesivamente anotado.

Y eran momentos en que la difusión era más difícil. Las bandas que llegaban a la revista tenían que venir con un demo, una foto y todo. Y tomarse el laburo de hacerla circular. Hoy tenés MySpace o cualquiera de estos sitios.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando escuchaste V8?

FB: Me prestaron el disco Luchando por el Metal y me gustó. Y esa misma tarde me fui corriendo a comprarlo en una disquería que estaba en Corrientes y Lavalleja. Y bueno, sí, fue un cambio de lo de Riff. Como todo en la vida, a vos te empieza a gustar algo y cada vez querés más, más y mas, hasta cierto punto vas a quererlo más fuerte más grosso y más rápido. Y estos eran más fuertes, más rápidos, más jóvenes, más rebeldes e infinitamente más despelotados de lo que era Riff en ese momento. Así que era como las divisiones inferiores de Riff.

Sí me gustó mucho y me marcó mucho. Y hablaban de las cosas que todo heavy metal que se preciara de tal, vivía en aquel momento.

CP: Aclaro que yo soy un poco más chico que él. Y que yo no llegué as ser un fan del heavy metal directamente. A mi me gusta más el rock sinfónico, y por ese entonces no estaba tan metido. Y no tuve realmente, como le pasó a Frank, una impresión muy positiva de V8 la verdad. No me impactó mucho. Siempre prefería Riff, claramente por sobre todas las cosas. Por lo cual siempre se generaban lindos debates en la redacción.

¿Por qué se terminaron distanciando los V8 de Pappo?

FB: Los de V8 eran muy pibes, muy drogones y muy quilomberos. No se si necesariamente en ese orden.

CP: En una parte del recital (en Velez, Iorio) dijo: “cuando toquemos solos esto no va a pasar”.

FB: Y ahí ya se fueron separando las aguas. A parte ellos querían ir a España. El mariscal Romero era amigo de Mundy Epifanio. Y como estaba “del lado” de los Riff, les dijo que con la banda que tenían y el estado en que estaban, eran muy desprolijos eran muy enquilombados y no sabían bien lo que querían, y que no era el momento. Ellos se ofendieron bastante y ahí es como que hubo todo un vortex.

Pero V8 era un auto que iba 700 km/h por la banquina y en sentido contrario por la autopista. Iba camino a la destrucción porque ellos mismos en ese momento no estaban en condiciones de nada. Más que un manager, necesitaban un grupo de nazis que los tuvieran en un campo de concentración, porque no se los podía manejar. Y en cierto punto tenés que adecuarte a jugar con ciertas reglas. Y ellos estaban muy hechos mierda.

El enano terminó preso en Brasil, Civile vivía loco por las drogas, Zamarbide iba y venía, y Iorio, míralo hoy como sigue. Tenían sus quibombos, eran buena gente, pero tenían sus quilombos.

En el reportaje final con Mundy Epifanio, él parecía estar bastante enojado con los músicos locales.

CP: Es que el conoce el otro lado. Una cosa es ver al músico en el escenario tocando. Pero para que el músico toque, hay una larga serie de trabajos previos. Y él está en toda esta cadena. Y se invisibiliza cuando el grupo empieza a tocar. Pero todo lo que hay atrás, él en parte es responsable y señala muchas veces la perdida de oportunidades por cierta falta de profesionalismo de los músicos. Por ciertas consecuencias en sus conductas. O justamente por no ser profesionales las que se perdieron.

Y muchas veces son caracteres complicados. Muchos son un poco ególatras. O andá a saber que ideas tienen en la cabeza y se ponen intratables.

FB: La parte de Mundy es una de las más interesantes. Por supuesto tenés que escuchar las dos campanas, porque por ahí el te dice “con Los Violadores me pasó esto”, y Los Violadores dirán otra cosa. Vos entre todo lo que escuchas vas extrapolando la verdad.

Pero digamos que el tipo es un personaje importantísimos, porque fue el primer manager que hubo en toda esta movida, y estuvo atrás fogoneando lo que fue Riff. Riff entre el ‘80 y el ‘82 eran los Beatles acá. Del heavy metal obviamente.

CP: Muchas de las cosas que ocurrieron en la escena fueron producto directo de su inspiración y su trabajo.

FB: No es un santo obviamente, se habrá mandado sus cagadas. Yo no lo discuto eso.

¿Con Pappo tenías relación?

CP: Le hicimos varios reportajes, pero yo tenía más relación con Vitico en realidad. Yo no escribía en Madhouse pero me tocó entrevistarlo y generamos una buena relación y justamente era muy conciente de todo lo que Riff había provocado en términos de hacer lío.

FB: Con Pappo yo no tenía tanta relación. Sí con Mundy, y a través de el se han hecho miles de reportajes. A través de Mundy en un momento hice los textos para un libro que salió en un boxset de V8.

Pero Pappo siempre fue una figura. En los ‘90 quedó muy devaluado en un momento porque venía todo el mundo y surgían bandas de acá. Y tuvo un momento medio de decadencia a mitad de la década y después empezó a resurgir cuando sacó Blues Local. Ahí se fue para arriba de acá.

CP: Vos pensá que él no estaba, se había ido a Estados Unidos. No estaba acá y nadie lo iba a esperar. Y bueno, surgieron otros grupos. Para el metal estaba Rata Blanca que se estaba llevando puesto todo. Llenaba Velez. Pero volvió, armó Riff, y sacó el Blues Local. Tuvo ese inmenso éxito de “nadie se atreva a tocar a mi vieja”. Y el demonizado pasó a integrar las sobremesas familiares, y ahora todos cantaban las canciones de Pappo.

FB: A Pappo lo empezaron a aceptar, digamos 15 años después de Riff, y 20 años después que empezó su carera. Hoy hablás de Pappo y: “Pappo es un semidiós”. En su momento era el gordo boludo, el borracho.

¿Como les pegó su muerte?

CP: Muy mal.

FB: Mal.

¿Como se enteraron?

FB: Viendo televisión a la madrugada. Estaba laburando en casa y tenía la tele de fondo. Y de repente escucho: “murió Pappo”. La expresión típica del baldazo de agua fría. Fue un baldazo de agua helada con cubitos y dos pingüinos. Fue triste. Fue triste que tuviera una muerte tan boluda por un lado, y tan de él, por el otro. De ir a toda velocidad por ahí. Pero morirse de esa manera…

Porque el tipo tenía muchísimo para dar todavía. Se fue muy pronto, y era una persona querible. Ves que sigue vivo cada otro pelotudo, que bueno, es la reflexión obvia que te surge. Pero sí, fue una pena grande.

CP: Yo me enteré por la radio. Pero coincido.

FB: Nunca supe bien como fue lo de Pappo. La verdad tampoco quise averiguar mucho. Se que se cayó en la avenida. Me da pena.

Lo de Civile, por ejemplo, si me asombró. Yo nunca pensé que se fuera a matar ni nada. Esa fue otra clase de muerte.

¿No esperabas que termine así?

FB: ¿Que muriera joven? Sí. ¿Que muriera matándose así? No, jamás. Va a sonar horrible lo que voy a decir, pero lo veía más con un problema con el alcohol o con drogas o algo así, antes que pegándose un tiro. O colgándose de un árbol. Esa fue otra cosa terrible. Lo de Civile fue muy sórdido. Era un buen tipo…

¿Y de eso como te enteraste?

FB: Estaba en Madhouse y me vinieron a contar. Y me quedé duro. Pensé por un lado: “pobre, estaba tan hecho mierda. ¿Murió enfermo? No, se pegó un tiro”. Bueno, es gente que se fue. No tiene tantos mártires la escena.

¿Algo así como un Hendrix?

FB: El Hendrix de acá sería Pappo. Y Civile en un segundo lugar. Yo estaba en Italia en el 2002, y me enteré de lo de Ricky de Flema. A Ricky lo conocía, pobre. Lo vi en montones de ocasiones. Era un muy buen tipo, un tipo muy agradable. Siempre en la revista le dábamos con un palo, y él se lo tomaba con un humor. Me parecía fenómeno. Y me entero que se fue a morir drogado, borracho, que se tiro del balcón, no se que historia extraña. Es lo que dijiste vos, la muerte evitable. Mirá que manera tonta de morirse. En que tristes circunstancias. Pero bueno, afortunadamente son pocos los que se fueron.

¿Y cómo ves al heavy ahora?

FB: Yo estoy un poco alejado de la escena, porque estoy haciendo otra cosa, desde que terminó Madhouse (2001). Me mantengo informado de lo más elemental, veo videos, me meto en Internet y en YouTube. Trato de escuchar nuevas bandas, me mantengo en la medida de lo posible. Pero, por supuesto, no estoy sumergido todo el tiempo en el tema como cuando estaba en Madhouse.

El heavy metal hoy lo veo… por un lado tenés los ahora dinosaurios que sobreviven y se mantienen, que la gente los va a ver cuando les hacen un homenaje, y un montón de banditas de distintos estilos. Veo todo ahora como muy marcado entre lo muy tradicional y lo muy moderno. En un momento había un equilibrio en ese aspecto. Pero nada que te marque una punta que te diga, para este lado esta yendo la cosa. Se siguen repitiendo formulas y se sigue manteniendo todo en ese estilo. Lo ultimo que he escuchado que me gusta, y que lamentablemente se separaron, son los Hellacopters. Si bien tampoco hacían nada esencialmente nuevo, por ahí los tipos le agregaban una frescura o algo así que no tenían otras bandas. Y sin embargo no te estoy diciendo nada nuevo. No se que se puede esperar, quizás venga por lado de lo electrónico. Hay que ver como evoluciona la cosa.

CP: Un poco como él, a lo mejor lo que agregaría es que no advierto las grandes canciones, los grandes cantantes, recordar un solo de guitarra. Ese tipo de cosas no las veo. No veo un grupo de hard rock interesante como para decir: “¡que cantante!” Uno que sobre ese camino le encuentre una vueltita.

Adhiero a lo que él dice. Puede ser que a lo mejor no sea la época. Vos pensá que durante los ‘90, el hard rock en sus distintas variantes dominó el panorama musical. Y bueno, todo eso no se puede mantener permanentemente.

FB: Lo bueno es que se siguen haciendo cosas, que la cuestión esta permanece. Yo espero que se mantenga todo lo que es la actitud y la cuestión ideológica del metal, del punk y del hard rock. Porque eso es lo que inspira a los chicos. Pero no se como va a evolucionar con el tiempo.

Sí creo que falta una actitud rebelde que es lo que caracteriza al rock y que últimamente no la veo tanto. Veo ahora muchos recitales auspiciados. Todo parece que tiene que tener un auspicio, un sponsor. Es como todo muy pasteurizado en ese aspecto. Necesitás algo que se salga de la regla, que se salga bien. Que rompa un poco con lo establecido en el bueno sentido.

¿Y contra qué te podes rebelar en estos días?

FB: Acá después de lo de Cromagnon tenés toda una serie de regimenes para hacer recitales y para buscar un lugar. A mi me parece desesperante eso. Me da no se que ir a un recital y mostrar los documentos. Ya a esta altura a mi no me los van a pedir, a lo sumo me alcanzaran una silla de ruedas. De metal.

Siempre hay extremos acá. Pasamos de la joda absoluta, a un régimen nazi. Y viceversa. Y quisiera que esas cosas se rompan un poco. No necesitás un auspiciante para dar un paso, si tenés ganas de hacer algo de verdad. Veo cierta pasterización, cierta cuestión en ese sentido que mucho no me gusta. Pero bueno, quizás son cosas de persona mayor. De añoralgias de otras épocas. Pero creo que siempre tenés que tener algo contra lo cual rebelarte, en el buen sentido, y llevarlo a cabo.

De hecho el rock and roll empezó también como una vía de escape para la juventud norteamericana, en un momento después de la segunda guerra donde todos iban con el pelo corto a tomar una malteada a la esquina. En cierta forma es una vía de escape que te permite romper un poco las pelotas y estar más conciente de las cosas. Creo que es lo bueno del rock and roll, que te acompaña en los años de rebeldía en el momento en que lo tenés que tener. Y es donde podés crear, y podés tener empuje y podes tener ganas de hacer algo que necesite ser hecho, el rock and roll acompaña mucho y bien en ese aspecto.

¿Y algún consejo para los que están haciendo periodismo?

FB: La regla de Oscar Wilde: “la única regla para escribir es que tengas algo para decir, y decirlo”. En esto caso, que lean mucho, que se preparen lo mejor que puedan y que realmente tengan algo para decir. Creo que leer mucho es la clave. El que nunca ha leído, no va a escribir bien. Hay que leer mucho, hay que informarse, hay que estar al tanto, perfeccionarse lo más que se pueda. Y ser honestos.

CP: Obviamente las reglas de gramática, comportarse con profesionalismo, admitir que a veces los entrevistados no se comportan. Pero hay una cuestión básica, esencial, que es la honestada con uno mismo.

FB: Tenés que tener algo para decir, y tenés que ser honesto para decirlo. Eso es lo básico. Si no tenés una de estas dos cosas, bueno… mejor no lo intentes.

CP: Y junto con la honestidad, también cierto cariño por el genero. Si no te gusta el estilo, ¿que estas haciendo ahí?

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