
Roger Tullgren, de 44 años y oriundo de la localidad sueca de Hässlehol, fue declarado oficialmente como discapacitado hace un par de años, luego que un grupo de psicólogos determinara que es un ladri adicto al metal. Por ello, el Servicio de Empleo sueco está obligado a pagarle parte de su sueldo, y su jefe debe permitirle escuchar heavy metal en su trabajo.
Tullgren estuvo batallando 10 años para que su adicción fuera finalmente reconocida. ¿Pero cual es la diferencia entre alguien muy apasionado y un verdadero adicto al heavy metal?
“Cuando tenés una pasión, podés controlarla. Podés escuchar otro tipo de música y relajarte. Yo, como adicto, escucho heavy metal las 24 horas del día. Y si estuviera en silencio por 5 minutos, me empiezo a poner muy nervioso, porque necesito de la música (pesada). Cuando te convertís en un adicto, necesitás tenerla todo el tiempo”, explica en exclusiva el sueco.
Su adicción le trajo muchos problemas, haciéndosele imposible el no escuchar heavy metal durante el horario laboral. Incluso tuvo que escaparse varias veces del trabajo para asistir a algún concierto. “Mi jefe me dijo: ‘tenés dos opciones: o apagás esa música, o renunciás’. Y yo le dije: ‘no quiero renunciar, pero quiero mi heavy metal. ¡Esto es mi vida!”.
El sueco terminó renunciando a su puesto de chef, y fue entonces cuando un grupo de psicólogos de la oficina de empleos terminó dándole la razón. “Me preguntaron si vivía pensando en el heavy metal, y yo les dije que sí, que ‘todo el tiempo era pensar en el heavy metal’. Entonces determinaron que no podía seguir haciendo mi trabajo”.
La búsqueda de un nuevo empleo no fue fácil para Tullgren “me discriminaban por que en las entrevistas no me vestía bien, y quería escuchar mi música. Quería mostrarles quién soy en realidad. Pero sólo miraban mi currículum y decían: ‘OK, nosotros te llamamos’, y nunca me llamaban”.
Roger debió firmar un formulario en el reconoce que se siente obligado a mostrar su estilo de ser heavy metal. Y ya sea porque su forma de vestir, o la necesidad imperiosa de escuchar su música lo dejan fuera del mercado laboral, necesita asistencia financiera del gobierno.
Pero esta no es la única particularidad del muy cordial y simpático sueco. Ostenta el record de haber asistido a 300 conciertos en sólo un año. “Voy recitales todos los días. En lo único que pienso es en trabajar e ir recitales, trabajar e ir a recitales (risas). Tenemos muchos festivales en verano aquí. Es algo muy duro de hacer, pero al final es muy divertido”.
Este viaje de ida para Roger comenzó cuando escuchó Black Sabbath por primera vez, cuando tenía 6 años. “Me sorprendió la energía y la música. Hay tanta energía en el heavy metal… Tanto en el sentido alegre, como en el triste. Hoy hay tantos estilos de metal, que podés escuchar cualquiera y te vas a sentir bien”.
Tulleren actualmente se desempeña como bajista en su banda Prosecutor, trabaja en la organización de recitales, y tiene pensado abrir un local de venta de instrumentos musicales a mediados de este año.
Y lejos de querer tratar su adicción, sigue firme junto al metal: “(los psicólogos) me dijeron que debía hacer un tratamiento, pero yo no quiero saber nada con eso. ¡Y menos mal que no lo hice (risas)!”.