
La mayoría asocia el nombre de Jörg Michael, con el del hombre detrás de los parches de Stratovarius por casi más de una década. Otros, más fanáticos, se atreverán a mencionar su participación en otras bandas como Saxon, Rage, Axel Rudi Pell, Grave Digger, Running Wild, y hasta el local Beto Vazquez. Pero lo que muchos ignoran, es que el alemán es un ferviente fanático como pocos de la disciplina del balompié.
Sorteados ya todos los grupos para el próximo mundial de Sudáfrica 2010, llamé a Alemania para una charla futbolera de café con el baterista. Muy entusiasmado, Jörg no se calló nada y habló del Diego, Messi, disparó un par de dardos a la FIFA, y se metió de lleno en el polémico penal que cobró Edgardo Codesal, en aquella final de Argentina contra Alemania en el mundial de Italia ‘90.
Y como si fuera poco, dejó sus predicciones tanto para los principales partidos del Mundial, como para los posibles clásicos entre naciones.
¿Cómo empezaste a jugar a fútbol?
Básicamente, empecé cuando tenía 3 o 4 años de edad. Mi padre estaba jugando en las ligas mayores, y siempre me llevaba a la cancha cuando jugaba los sábados y domingos. Así que conocí el fútbol de muy temprano. Y creo que me uní al primer club cuando tenía 6 años.
En ese momento, no tenían equipos para chicos. Creo que empezaban a partir de los 7 años. Y desde ahí en adelante, jugué intensamente hasta que tuve 16 o 17 años.




En el evento MTV Icon que rindió tributo a Metallica, Sean Penn comentó la anécdota de la primera vez que conoció a la banda en 1985. Ambos estaban alojados en el mismo hotel cuando el actor reparó en el micro del grupo estacionado en la puerta. Señalando al mismo dijo: “’Metallica’ es nombre muy complicado. Nunca triunfarán”.
A fines del 2003, la relación entre los miembros de Stratovarius era la peor en casi 20 años de la banda. Los problemas psíquicos y de alcoholismo de Timo Tolkki llegaron a un punto culmine cuando despidió a Timo Kotipelto (cantante) y Jörg Michael (baterista) de la banda.
Uno de los dos, en realidad. El norteamericano
Poco imaginaba Marcela Bovio lo que sucedería con aquel demo que envió con pocas esperanzas a
El 16 de diciembre de 2008, con cierta tristeza, 

